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16 de mayo de 2011
Jordi Toboso nos recibe en lo más ‘prime’ del centro de Barcelona, el Passeig de Gràcia, donde la consultora internacional Jones Lang LaSalle tiene su delegación catalana. De trato afable, sus palabras destilan optimismo, el mismo optimismo que en una rueda de prensa de hace dos años, en plena crisis, le llevo a afirmar “Volvemos a ver dinero en el mercado, y esto es una muy buena noticia”. Le acompaña Laura Caballero, subdirectora de Marketing de la consultora. “Laura es la que sabe más, la que tiene los datos más por la mano”, afirma Toboso. Y presume: “En muchos aspectos somos tan buenos como nuestra competencia pero nuestro departamento de Research es el mejor del sector. Tenemos incluso datos históricos de antes de los años 80...”.
Con más de 25 años de andadura profesional en el ámbito immobiliario de Cataluña, Toboso trabajó durante casi dos décadas en el sector público, concretamente para el Consorci de la Zona Franca de Barcelona, donde ocupó la responsabilidad de director general durante 14 años. Como responsable ejecutivo del Consorci, Jordi Toboso fue consejero delegado del Parque Tecnológico del Vallès, presidente y consejero delegado de Glorias Diagonal, director del Proyecto Nexus junto con la Universidad Politécnica de Barcelona, miembro del comité ejecutivo del Plan Estratégico de Barcelona y representando a la compañía Zona Franca de Barcelona (ZFB), consejero del Instituto de Estudios Regionales y metropolitanos de Barcelona, presidente de BMP, Barcelona, Meeting Point, S.A y presidente de Meeting y Salones, S.A, entre otros.
Hace cuatro años asumió la dirección general de Jones Lang LaSalle en Cataluña, cargo que le ha aportado un “punto de vista más global y más amplio del sector inmobiliario, porque aquí, además del mercado industrial y de oficinas, he conocido de cerca el sector comercial, el ‘project management’, la arquitectura de interiores y todos los servicios globales que ofrece esta consultora”.
Desde su punto de vista, ¿cuál es la transformación más importante que ha sufrido el mercado de oficinas catalán?
Lo que más ha cambiado ha sido el tema de la financiación. El apalancamiento que había tradicionalmente en el sector inmobiliario ha cambiado sustancialmente, con lo que los promotores que quieran sacar adelante proyectos deberán reinventar nuevas fórmulas para financiarse. Antes, la empresa que quería comprar suelo no tenía ningún problema de credibilidad ante la entidad financiera para apalancarse un porcentaje determinado y para tirar adelante una promoción. Esto, evidentemente, con la situación actual, ha cambiado totalmente. Por ello, creo que también se deberían empezar a estudiar nuevas fórmulas para financiar proyectos, además de las provenientes de las entidades financieras.
También opino que cada vez más el sector público y el privado deberían encontrar maneras de colaborar en proyectos comunes para tirar adelante la situación complicada que estamos viviendo. Estos dos sectores deben cambiar las reglas del juego para poder dar entrada al sector privado como socio del sector público.
¿Hay vuelta atrás? ¿Se puede volver a la situación precrisis o alguna cosa ha cambiado definitivamente?
Creo que todo será diferente. ¿Mejor o peor que antes de la crisis? Es difícil decirlo, pero seguro que todo será diferente porque el mundo también ha cambiado. Vivimos en un sistema globalizado y, por tanto, las cosas deberán adaptarse en cada momento a la situación según vayan evolucionando los países, no sólo España o Cataluña, sino a nivel europeo y mundial.
¿Han cambiado mucho las exigencias de los demandantes de oficinas en los últimos años?
¡Mucho! Ahora no se entiende un edificio de oficinas que no tenga suelo técnico y un grado de eficiencia importante, que esté bien comunicado y que tenga todos aquellos requerimientos necesarios para desarrollar su trabajo diario de la mejor manera, por lo que los inmuebles deben estar perfectamente equipados en todas sus instalaciones y adaptaciones.
Hace unos años, hubo la tendencia de convertir muchas viviendas en oficinas. No era extraño entrar en una empresa donde el archivo estaba en la cocina o la máquina de café en el segundo cuarto de baño. Esto hoy en día es impensable porque dedicar metros de cocina o de office a archivo es antieconómico, ya que el suelo es cada vez es más escaso en según qué zonas.
Por otro lado, hay una reflexión que las empresas se hacen cada vez más y es que no es necesario que se instalen en el centro de la ciudad y, por ello, la tendencia es la de trasladarse a las nuevas áreas de negocio, como Plaça Europa o el distrito 22@.
Desde su conocimiento profundo del mercado barcelonés de oficinas... ¿Qué lo diferencia de otros mercados como el de Madrid?
Antes, entre estos dos mercados había unas diferencias muy importantes. El mercado de Madrid era más dinámico y activo y las operaciones que se hacían era de grandes metrajes. Pero en los últimos años, con la crisis, las cosas se han ido equiparando paulatinamente. Por poner un ejemplo: el año pasado, la cifra de inversión en oficinas en Madrid y Barcelona fue igual, cosa que no había pasado nunca o casi nunca en la historia. Madrid siempre hacía el doble de lo que hacíamos aquí. La tendencia es que las empresas que por motivos corporativos deben estar en Madrid, escogerán Madrid; y las que crean que Barcelona es mejor sitio, se instalarán en Barcelona. Pero al final, lo que se ve es que tanto en una ubicación como en la otra, las necesidades y las demandas del cliente vienen a ser bastante similares. Y los mercados, en épocas de actividad económica no tan potente, se equiparan.
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