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10 de marzo de 2011
En las últimas décadas y como consecuencia del desarrollo industrial del país, se impuso un modelo de ciudad dispersa, alejando el tejido urbano del industrial. Fruto sobre todo de una especulación del suelo que fue alejando los centros de trabajo de los espacios de residencia. El resultado de esta ciudad dispersa ha generado desplazamientos cada vez mayores para sus ciudadanos, con escasas posibilidades de utilización del transporte público de manera eficiente y con el consiguiente aumento del consumo de energía y de contaminación.
La elección de la situación de los polígonos industriales teniendo únicamente como premisa el valor del suelo, hizo que la mayoría se situaran en zonas alejadas de los núcleos urbanos y desconectados de las poblaciones importantes de su alrededor. Además, los accesos a esos polígonos eran en su mayoría deficientes, por lo que en horas punta son habituales las congestiones de tráfico.
En la mayoría de esos polígonos las empresas que se instalaban disponían de una gran parte de suelo para plazas de aparcamiento, que a la larga casi siempre han resultado insuficientes. También los servicios de transporte público colectivo que pudieran llegar cerca de esos centros de trabajo no eran los apropiados. Todo ello, potenció de manera descontrolada el uso del vehículo privado como único medio posible para el desplazamiento al lugar del trabajo.
En la actualidad, existe un consenso bastante amplio sobre el fin de este modelo. Hay una mayor conciencia medioambiental y se empiezan a realizar programas que abogan por un cambio. Un ejemplo lo podemos encontrar en el programa de trabajo que bajo el epígrafe Cambio Global España 2020/2050 puso en marcha la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid. Un tema central de ese informe fue abordar un programa de transporte, siendo una de las conclusiones la necesidad de “promover soluciones de urbanización, usos de suelo y localización de actividades que minimicen las necesidades de movilidad obligada, integrando las funciones básicas cotidianas (residencia, trabajo, enseñanza y dotaciones básicas) en áreas accesibles a pié, en medios no motorizados (diseñando las correspondientes plataformas) o en áreas bien comunicadas entre si por transporte público”.
Resulta por tanto evidente que existe una necesidad de cambiar el modelo actual de transporte hacia una mayor sostenibilidad, incidiendo en aspectos ligados a la movilidad, así como en la planificación urbanística y en su integración con nuevas políticas de transporte.
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