| Urbanismo y zonas industriales, un binomio complejo |
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Nadie pone en duda hoy en día el papel tan importante que desempeña la actividad industrial y empresarial para el desarrollo de la economía y la necesidad de apoyarla desde las políticas públicas. Superado un cierto discurso parcial, especulando sobre el fin de la industria (la desindustrialización) y su substitución indiscriminada por actividades terciarias o de servicios, la industria reivindica su espacio en el conjunto de la economía. Ante esta situación, son muchas la iniciativas que encontramos desde el sector público —tanto a nivel local como supramunicipal— para apoyar con políticas sectoriales la emprendeduría, la innovación y la promoción de nuevas empresas. En este sentido, y desde nuestro trabajo, queremos reivindicar la importancia de acompañar estas políticas sectoriales con políticas de suelo. La competitividad industrial de un territorio, que tiene mucho que ver con su capacidad para atraer y retener empresas, pese a la diversidad de elementos que intervienen en la elección de la localización de una nueva empresa o su reubicación, viene muy condicionada por la oferta de suelo industrial. Se trata, en definitiva, del soporte físico sobre el que las empresas desarrollan su actividad y donde buscan, cada vez más, garantía y calidad de infraestructuras disponibles, un entorno agradable e, incluso, una imagen de marca. Cataluña cuenta con unas 32.000 hectáreas de suelo industrial repartidas en los 1.750 polígonos industriales (1) (de una media de 18 ha). Aproximadamente la mitad de esta superficie, unas 16.700 hectáreas, se encuentra en la Región Metropolitana de Barcelona (RMB) repartida en 725 polígonos y representa, en este ámbito, el 20% de suelo urbanizado. A grandes rasgos lo que caracteriza el suelo industrial de la RMB, como se recoge en estudios y trabajos previos (2), es la convivencia de dos realidades paralelas: una elevada concentración en pocos municipios y un acentuado minifundismo en muchos otros. Asimismo, el grado de concentración y especialización de los municipios en este tipo de suelo no presenta ninguna correlación con el tamaño del municipio en cuanto a población, sino todo lo contrario, a excepción de los municipios de la vieja industrialización. En los últimos 10 años hemos visto como parte de este suelo, principalmente aquél en municipios de vieja industrialización y ubicado en trama urbana consolidada, ha sido objeto de actuaciones de renovación y transformación para atraer nueva actividad económica. Actividad más intensiva en techo y empleo, incrementando el valor de este suelo en concordancia con las características de su localización privilegiada. Estas transformaciones han supuesto en todos los casos su adecuación urbanística —que pasa por la revisión de los usos admisibles, el incremento de la edificación, el cambio de tipologías edificatorias y la urbanización de nuevo de dichos espacios— como la modernización y adecuación de sus infraestructuras de servicios. Estas experiencias han abierto una nueva vía para crear una oferta de nuevos espacios económicos y mantener y adecuar los existentes, con la finalidad de atraer y retener empresas y actividad en un territorio como la RMB, donde el suelo urbanizable está prácticamente agotado. El modelo de crecimiento de la ciudad por la ocupación de suelo rústico da paso en este territorio al reaprovechamiento, la reutilización y, en definitiva, al reciclaje de suelo ya urbanizado. Ahora bien, si la estrategia de reciclaje de suelos industriales en trama urbana ya ha sido testada y es, de hecho, una realidad en la mayoría de los municipios de la región que contaban con este tipo de suelos; las acciones en polígonos industriales ya consolidados son todavía una asignatura pendiente o, en el mejor de los casos, un hecho incipiente. Una cuestión que debe resolverse teniendo en cuenta que se trata mayoritariamente de suelos ocupados y activos —y, por tanto, con empresas funcionando— pero con importantes deficiencias que, o bien son de origen o bien son fruto del paso del tiempo y de una cierta dejadez en su mantenimiento. Corregir la situación creada en polígonos industriales ya existentes en la RMB, no los de nueva creación, sino aquellos con deficiencias urbanísticas e infraestructurales, y abordar su futuro son temas que deberán resolverse a medio plazo (en el marco de los nuevos planes directores que el recientemente aprobado Plan Territorial Parcial de la RMB insta a redactar). Concentrar para mejorar La renovación de suelos industriales ya consolidados de la RMB no es tarea tan fácil como reproducir —más o menos adaptado— el ejercicio que se llevó a cabo en el 22@ u otras experiencias similares. “La constatación de importantes especificidades tanto territoriales como sectoriales que intervienen en la definición de las lógicas de localización de los establecimientos industriales en Cataluña que comportan una marcada heterogeneidad, aconsejan huir de políticas uniformes”, como concluye un estudio reciente sobre pautas de localización de los establecimientos industriales en Cataluña realizado por el Cidem. Si queremos fomentar, atraer o retener proyectos industriales y empresariales competitivos, debemos garantizar entornos adecuados. En lo que respecta al urbanismo, esta adecuación pasa por revisar (si los hay) o definir los estándares de calidad mínima de suelo industrial, tanto el existente como el de nueva creación, de acuerdo con los tiempos y las demandas actuales. De esta manera la excepción de algunos será la norma de todos. Conocer para actuar La Administración local debería reconocer las limitaciones de un planeamiento a escala municipal y reclamar un planeamiento y un planteamiento supramunicipal Ciudad e industria, una relación ¿imposible? Sin embargo, cabe destacar también que, para una parte muy importante de estas mismas personas, estos espacios resultan su entorno diario de trabajo. Espacios donde es difícil acceder, sino es con vehículo privado, en la mayoría de los casos; donde el entorno no suele ser muy ‘atractivo’; donde los espacios públicos existentes pierden la mayoría de las veces su razón de ser y donde, acciones tan sencillas como localizar una dirección se puede convertir en un auténtico juego de pistas. Sí, es cierto, ahora tenemos GPS pero hay que tener en cuenta que en algunos polígonos no llega ni el correo. Construyendo una relación Hay que superar algunos prejuicios y posiciones cerradas por parte de todos los agentes implicados: la administración, la empresa y la sociedad civil. El suelo industrial demanda no sólo de una visión estratégica y global del territorio sino también de un cierto grado de complicidad por parte de todos los agentes implicados. Finalmente, y en paralelo a la cuestión anterior, habrá que definir un nuevo marco de competencias y responsabilidades para la gestión de estos polígonos industriales y de actividad. Es necesario que la administración, cada una desde su marco de competencia y responsabilidad, se implique no sólo en la calidad urbana del suelo industrial sino también de los servicios que llegan a ellos y que son básicos para el funcionamiento normal de las empresas que se ubican. Podemos exigir que las empresas trabajen teniendo en cuenta el entorno y contribuyendo a enriquecer nuestra sociedad, pero no podemos pretender que lo hagan si no les garantizamos condiciones de trabajo óptimas. Las exigencias deben ser mutuas y correspondidas. No podemos olvidar que depende de todos nosotros reconocer estos espacios como lo que son: Un patrimonio económico, en definitiva, una infraestructura de promoción económica |